El contexto regulatorio en el que operan las empresas es exigente y complejo y las consecuencias de no gobernarlo adecuadamente puede tener enormes impactos, que van desde la clausura temporal o total de la actividad de la empresa hasta pérdidas financieras derivadas de sanciones fijadas por un tribunal. A ellas se suma la pérdida de confianza por parte de clientes e inversores,
entre otros grupos de interés. Ver documento